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Monday, April 29, 2013

Rescates culturales


Reproduzco el artículo del poeta y amigo Rogelio Fabio Hurtado, publicado en la edición 269 de la revista Primavera Digital, ese increíble y persistente esfuerzo que publica, contra toda esperanza,  un grupo de periodistas independientes en Cuba.

Ya hace tiempo que entre los nuevos cambios que ocurren en Cuba se encuentra el reivindicar, rescatar o hurtar la figura de escritores disidentes cubanos que fueron exorcizados de la memoria cultural en pos de la pureza ideológica, para ahora presentar un panteón que los incluya pero edificando su resurrección a partir de medias verdades, análisis incompletos y de un prisma distorsionador.

Con las figuras más conocidas tienen que andarse con mucho cuidado, pero ahora parece que le toca a mi generación, la que hace tiempo he llamado la generación del silencio, compuesta por escritores que surgieron a la creación cultural a finales de los sesenta y principios de los setenta y que sintieron el peso de la censura y la represión cuando estas se encontraban en plena forma. Es una generación más fácil de tergiversar, ya que sus autores fueron casi o totalmente desconocidos en Cuba y casi todos partieron al exilio. Con este trabajo, Hurtado le enmienda la plana a Velazco con conocimiento de causa y me parece que es un documento importante que debe tener la mayor difusión posible.

Busqué por toda la internet el trabajo de Carlos Velazco, pero no lo encontré. De aparecer en algún momento ampliaría este post para incluirlos a los dos. Velazco es uno de los arqueólogos del momento, ya que también se encargó anteriormente de rescatar parte de la figura y trayectoria de Guillermo Cabrera Infante en su libro Sobre los pasos del cronista, escrito junto con Elizabeth Mirabal, un libro nada despreciable que recopila una buena cantidad de información valiosa. Ahora, quizá con menos instrumentos a su disposición, aborda a Esteban Luis Cárdenas.

Los rescatados son preferentemente muertos, su lista quedará como un canon de cadáveres exquisitos que revelarán la realidad y las intenciones conscientes de sus creadores.

Roberto Madrigal


Lunes, 22 de Abril de 2013 03:48


Cuba actualidad, Marianao, La Habana, (PD) Como su amigo y asiduo como él a la ahora inesperadamente reconocida "célebre Tertulia de la Funeraria, en el parquecito de Calzada y K", vengo a precisar algunos de los criterios vertidos por Carlos Velazco en su ensayo Patakín (Unión 78/2013), consagrado a presentar una muestra mínima de la obra literaria de Esteban Luís Cárdenas (1945-2010), fallecido en Miami, donde residía desde el mes de enero de 1980.

Absolutamente ignorado por la cultura oficial debido a su invariable rebeldía, cuando lo conocí, alrededor de 1971, Cárdenas era el mejor escritor de mi generación.

Sus historias personales, que Velazco prefiere llamar "leyendas", fueron efectivamente numerosas. No precisa que fue Esteban Luís el primer joven cubano objetor de conciencia y no por motivos religiosos precisamente – contrario a lo que sugieren el título del ensayo y la piel del sujeto. Cárdenas no era entonces creyente, ni su literatura, realista, crítica, inteligentísima, se cobijaba para nada en el folklore. Omite, por ejemplo, sus inquietantes vínculos con los militantes norteamericanos del Black Power domiciliados en La Habana después de desviar aviones de los Estados Unidos.

El único vínculo laboral que se le atribuye es el de "trabajador de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional", leve eufemismo por estibador de libros en la torre de dicha institución. Antes, había sido "periodista" de la Revista Bohemia, donde le pagaban sin permitirle publicar una línea. Al intentar salir de Cuba, era asesor literario de las escuelas en el campo.

La referencia a "la becada extranjera" no agota el capítulo amatorio, dominado por Ana María Paredes, madre de su hija y consecuente compañera suya por muchos años. Tampoco me consta que Esteban recordase a la joven eslovaca como "una historia triste". Velazco, al parecer, no llegó a saber de su romance platónico con Concha Bouza Leyva, Concha la de Luyanó.

La historia que se le atribuye al Babalawo, la conozco con dos variaciones de peso: ocurrió después de ser liberado en 1978 y la protagonista fue la cartomántica de la Loma de Chaple, a quien el difunto Pastor Vega dedicara su última película. La profecía fue : "Vas a buscar la muerte". Al situar este hecho antes, Velazco se asegura una de sus frases temáticas: "A Esteban Luís Cárdenas Junquera lo dominaba una obsesión, irse. Así, su salida del país, forzada de hecho por tener que escoger entre cumplir 15 años de prisión o irse, se presenta como una decisión absolutamente personal, casi como una locura, de la que las autoridades políticas y culturales no tendrían responsabilidad ninguna. Esta línea, que preserva la inocencia de los máximos responsables, es acatada a todo lo largo del ensayo, que evita cuidadosamente toda alusión explícita al hipócritamente denominado Quinquenio gris.

Respecto al intento de penetrar saltando al jardín de la sede argentina, tengo algunas precisiones. El acompañante de Esteban no fue "un conocido de apellido Colás", sino nuestro amigo Reynaldo Colás McPherson, joven poeta quien esperaba la publicación de un libro suyo, merecedor de mención en el Concurso 13 de Marzo de la Comisión de Extensión Universitaria. Hasta donde sé, Colás se hizo pastor cristiano y vive como tal en los Estados Unidos. El personal de la embajada eran los representantes de la dictadura militar de Videla, quienes telefonearon inmediatamente a la policía para que recogiesen a "esos negros de su jardín". El ingreso en el hospital "Calixto García" corrió a cuenta de la entonces muy activa sección de diversionismo ideológico del DSE.

Velazco afirma, con razón, que Esteban había sido leído en Cuba por sus cuentos, pero no presenta ni siquiera la sinopsis de ninguno de aquellos relatos. Lamentablemente tampoco conservé ninguno y debo limitarme al recuerdo de algunas tramas. Recuerdo, por ejemplo, un relato donde un trabajador militante es cuestionado constantemente por su mujer, debido a las condiciones de penuria en las que viven.

Los trágicos accidentes que lo mutilaron, lo hicieron consagrarse a la poesía, género donde siempre prefirió la lírica, por encima del realismo de crítica social.

Velazco recorre sus libros de poemas, para llegar a un párrafo inadmisible: donde afirma que " De su etapa en Cuba, en mayo de 2008, Esteban Luís Cárdenas resumía que su mayor enfrentamiento había sido su propia honestidad." O sea, que la culpa era únicamente suya.

Me consta, porque visité a Esteban en sus agónicos boarding homes de Miami y Hialeah, que jamás dejó de ser consciente de quienes habían sido y seguían siendo los grandes culpables. La referencia al resentimiento vuelve a sugerir culpabilizar al sujeto, como si hubiese admitido la santidad inmaculada de los autoritarios burócratas.

Le agradezco al joven Velazco su esfuerzo, pero lamento hacerle saber que el interesado hubiese rechazado efusivamente esas conclusiones.

2 comments:

  1. Muy interesante, me gustaría saber más más de Esteban Luis Cárdenas pero no veo nada escrito por él en la web, tampoco el artículo de Velasco. Hay tantos autores que no conocemos de esa generación...vamos descubriéndolos poco a poco pero ojalá que mientras puedan disfrutarlo, pobrecitos. "En vida, hermano, en vida."
    cariños,
    la Te

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  2. Rogelio es uno de los memoriosos más dignos y persistentes de nuestra generación perdida. El cronista perfecto de La Funeraria.
    El final verdaderamente dramático de nuestro querido amigo Esteban Luis Cárdenas, a pesar de los cuidados profesionales de que estuvo rodeado, forman parte del escenario que nos obsequió el poder. Los daños de su cuerpo fueron consecuencia de los golpes a su espíritu en tierra natal.
    No podía la revolución triunfante permitir que unos jovenes (algunos hoy viejos achacosos) funcionáramos dentro de su territorio. Por desgracia, estos machos alfa, mearon con éxito las cuatro esquinas del territorio nacional.
    Me tocó el triste deber de enviar una nota a Cubaencuentro dando la fecha de su muerte, que obtuve de la base de datos (no online) del seguro social norteamericano, ya que la nota necrológica decía ignorar circunstancias y momento de su fallecimiento.
    Quiera dios que su obra poética, extraordinaria, por la limpia trasparencia de sus imágenes, el uso sabio del idioma que elude un coloquialismo al uso, sin llegar a los extremos de un lenguaje académico preconfigurado en su corrección lógica, en fin, una poesía intensamente humana, ciudadana y contemporánea, sea algún día conocida, más allá de los anaqueles polvorientos de una biblioteca de barrio.

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