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Thursday, September 18, 2014

¿Plaza sitiada?


Corría el año 1980 y llevaba yo apenas unas semanas en Miami cuando al entrar en el restaurante El Pub, entonces situado frente al Parque del Dominó de la calle Ocho (no recuerdo donde está ahora), un día entre semanas por la tarde, me encuentro, para mi sorpresa, a Ulises Estrada, sentado cómodamente y en amena conversación con dos individuos de apariencia anglosajona y con unos trajes y un corte de pelo de los que poco después aprendí que eran los que usaban los miembros del FBI. En dos mesas aledañas se sentaban incómodamente cuatro o cinco individuos que no cabía duda escoltaban a estos personajes, con la vista siempre alerta y mirando en todas direcciones.

No sé cómo pude contener mi asombro y de paso mi indignación. Los escoltas me miraron fijo y yo estaba estupefacto.

Para los que no lo sepan, Ulises Estrada (cuyo verdadero nombre era Dámaso José Lescaille), fue, entre muchas cosas, viceministro del Interior, compañero de lucha del Che en el Congo, amante de Tania la Guerrillera, segundo al mando de Manuel Piñeiro, alias Barbarroja, en la División de América del Partido Comunista de Cuba, encargado de misiones “sensitivas” y finalmente embajador en Jamaica y varios países africanos.  Murió a principios de este año. Nadie entonces denunció su presencia ni se le hicieron actos de repudio, probablemente casi nadie sabía que estaba de paso.

Esta es solamente una aislada anécdota, pudiera seguir hasta el aburrimiento con otros visitantes con los cuales me tropecé y que pasaron  por acá sin que nadie supiera que pasaron. Con esto quiero simplemente ilustrar que Miami siempre ha estado en la mirilla de los Castro. Siempre ha sido una ciudad asediada. Nada nuevo ni sorprendente. Es la mayor concentración de cubanos fuera de Cuba, el sitio de la gusanera exitosa, el único ghetto afluente que existe en los Estados Unidos.

Con el tiempo, se han abierto diferentes medios de penetración. Ya existen cadenas de televisión a través de las cuales se pueden enviar voceros, publicaciones que emplean amanuenses y empresarios que se benefician contratando a músicos y artistas de la isla. Si existe ya una demanda, pues habrá oferta.

Ahora se presenta por segunda vez en el Miami Dade County Auditorium el dúo musical Buena Fe y se ha armado una algarabía ensordecedora en los blogs del exilio. Se ha convertido en un acto de fe oponerse a la visita del grupo, enardecerse ante la osadía. El mayor y más comprensible motivo de indignación es que el dúo le cantó “feliz cumpleaños” a Castro el pasado agosto y además han hecho declaraciones denigratorias sobre las Damas de Blanco y han dicho otras estupideces.

Desde luego que hay mucha razón para indignarse y los que quieran tienen todo el derecho a protestar públicamente. Sin embargo, me parece que todo eso es darle demasiada importancia a una agrupación musical que por lo poco que he oído de su música y sus letras (y de veras que lamento haberlo hecho por la curiosidad que me despertó la protesta), no ocuparán más que una apostilla en las páginas de la historia universal de la infamia musical.

Es cierto que lo mejor que uno puede hacer es ignorar a este tipo de elemento. Pero también es cierto que lo más probable es que el lugar se llene y sus cuentas bancarias (y las de sus empresarios) se beneficien grandemente. Llenar un teatro con capacidad para unas 2400 personas no requiere mucho esfuerzo, sobre todo con la propaganda gratuita que han tenido. Entre fanáticos, curiosos y despistados habrá cupo. Pero tampoco esto es nuevo, hace mucho que el exilio es una de las mayores fuentes de financiamiento del gobierno cubano.

Muchos acusan a las nuevas generaciones de exilados de ser culpables del éxito de esos grupos que aparecen a cada rato en Miami, actúan, recogen el dinero y después se burlan de quienes allí viven. Pero no estoy de acuerdo.

Aunque soy de la opinión de que el exilio político (como se entiende tradicionalmente), acabó hace muchos años y que los que llegan más recientemente acentúan las necesidades económicas como motivación mayor de su fuga (en el caso de Cuba es imposible separar los motivos políticos de los económicos porque la miseria en Cuba es responsabilidad de la claque que domina hace 55 años), puede que haya muchas más coincidencias entre los exiliados más recientes y los anteriores de las que los “históricos” piensan. Toda generación anterior tiende a rechazar a quienes le siguen.  Recuerdo el rechazo que tuvimos los “marielitos” a nuestra llegada y luego todo pasó.

Lo cierto es que Buena Fe cantó en este mismo auditorio en febrero de 2013 y para mi sorpresa, en las páginas de Facebook muchos amigos y conocidos míos, llegados hace muchos años y autocalificados como “gusanos diametrales”, se desgañitaban apoyando el concierto e instando a todos a asistir. La nostalgia es la prisión de la memoria.

Desde los noventa, cuando comenzaron a llegar grupos de la isla, los Adalberto, los Manolín, los Manolito, Isaac Delgado y muchos otros, eran, para mi asombro, los viejos rockeros cubanos los que se maravillaban con sus canciones y asistían a sus presentaciones. De repente se puso de moda bailar esa música en las fiestas de gente que en Cuba ni se hubieran acercado al ambiente en el cual se desarrolla ese tipo de creación musical.

Tampoco me parece justo suponer que 2400 personas representan los sentimientos y las ideas políticas de toda una generación. Por otra parte, fuera de los expresos políticos y unos pocos más, ¿cuánta gente ha venido al exilio a luchar contra Castro? La mayoría hemos venido (y me incluyo en ese grupo) a poder hacer la vida que allá no nos permitían.
Miami es una plaza sitiada no solamente por los Castro, que quieren mantener su influencia sobre todo lo que pasa ahí, sino también por los diversos intereses de los propios emigrados.

Protestar la presencia de  Los Van Van, de Buena Fe o las declaraciones de Tony Avila y de Descemer Bueno tiene justificación moral, pero es una pérdida de tiempo. Que el periódico más importante de la ciudad le dedique la primera plana, es vergonzoso, ya que se merecen solamente un anuncio pagado en las páginas de entretenimiento.

Esto me recuerda cuando en el periódico Granma ponían como titular la opinión de Alberto Juantorena sobre el Ballet Nacional y sobre Alicia Alonso.


Roberto Madrigal

Tuesday, September 9, 2014

¿Antintelectualismo o contra (algunos) intelectuales?


La publicación en el periódico Juventud rebelde, el pasado 9 de agosto del artículo titulado “Gramsci y las ‘cosas de intelectuales’”, firmado por la periodista Mayra García Cardentey, en el cual la autora se centraba en la figura de un supuesto primo, mecánico e ignorante, cuya sabiduría popular opone a la de los intelectuales de oficio, para de esta manera confirmar la sentencia de Gramsci de que: “Cada hombre, considerado fuera de su profesión, despliega cierta actividad intelectual: es un “filósofo”, un artista, un hombre de buen gusto…” despertó de inmediato una discreta ola de tímida protesta por parte de algunos de los nombres más importantes de la intelectualidad oficial y tradicional cubana.

Pudieron leerse las revolucionarias objeciones de una ridícula y delirante Graziella Pogolotti, un confundido Arturo Arango, un tardíamente resentido Juan Carlos Tabío, un Desiderio Navarro que no acaba de poner los pies en la tierra, un preocupado Leonardo Padura y un indignado Guillermo Rodríguez Rivera. Todos en guardia y a la defensiva, lamentando que un importante periódico oficial, dirigido a la juventud cubana, publicara un artículo que ataca la cultura y el intelectualismo.

No voy a entrar a discutir los méritos teóricos del artículo ni de las respuestas al mismo, ya que no tengo nada que añadir a lo que Rafael Rojas escribió en sus dos excelentes textos al respecto, a los cuales no les quitaría ni un acento (Sobre el antintelectualismo y Sobre el antintelectualismo II, ambos publicados hace una semana en su blog Libros del Crepúsculo), con los cuales lapidó el tema con un análisis quirúrgico. Son las razones y motivaciones detrás de la publicación de este trabajo las que me interesan.

García Cardentey es una joven periodista del periódico pinareño Guerrillero y corresponsal de Juventud Rebelde en la provincia de Pinar del Río. Es Licenciada en Periodismo de la Universidad de La Habana de una promoción reciente (alrededor de 2009) y era, o sigue siendo, profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Pinar del Río. Sus artículos son reproducidos en diversos medios de la prensa nacional y en portales de internet como Cubarte y tiene un blog llamado Quo Vadis Cuba.

El 5 de agosto del 2011 fue catapultada a la fama internacional tras publicar en su blog un artículo titulado “Jóvenes y emigración: Cuba somos todos”, en el cual recoge una serie de opiniones de varios jóvenes sobre el dilema de la emigración, en el cual la palabra diáspora aparece una sola vez y la palabra exilio ninguna. El trabajo fue reproducido en Guerrillero y en innumerables sitios de la red. Desde entonces, García Cardentey no ha parado de ganar los premios de periodismo más importantes que se conceden en la isla, entre ellos el Premio Nacional Juan Gualberto Gómez de 2013 y el Premio de Periodismo 26 de Julio de 2014.

Sus artículos tratan sobre música, pelota, el lenguaje de la juventud cubana, arte y cultura en general. Escribe con profesionalismo y soltura. Se ve que está bien informada y que conoce bien las técnicas de investigación periodística. Pero también es agudamente taimada. A pesar de tomar temas de apariencia conflictiva, sus textos se limitan a citar a autores ortodoxos, bien establecidos y aprobados por la nomenclatura castrista. Apoya su osadía con el discurso oficial. Siempre se presenta como una de “los constructores actuales de la Revolución”.

En un reciente trabajo publicado bajo el título de “¿Cómo puede ser rentable la cultura?”, en el cual expone la necesidad de hacer rentable la producción artística dentro de los patrones del socialismo y sin perder la calidad (la cual acepta que decidan las instituciones oficiales), sustenta sus argumentos citando a Julio García Espinosa, a Ambrosio Fornet y a  Abel Prieto. Este artículo le valió uno de los tantos premios que ha obtenido.

García Cardentey es, al parecer, la intelectual oficial del nuevo estilo. Acorde con el cambio de guardia que solapadamente se va produciendo en la isla, en el cual tecnócratas y burócratas van accediendo al legado de los Castro con la narrativa de la eficiencia y la responsabilidad económica, el inteligente discurso de la escritora sirve de plataforma intelectual, de corriente renovadora de apoyo al ascenso de los grises apparatchiks a la manera de Miguel Díaz-Canel, Julián González Toledo, Ena Elsa Velázquez y Roberto Smith.

Un artículo como el que publicó García Cardentey en Juventud Rebelde no aparece por gusto. Todo lo que se publica en los órganos oficiales cubanos tiene un motivo, a veces oculto a veces bien claro. Dadas las credenciales de la autora, este artículo viene apoyado desde muy arriba. Este supuesto ataque al intelectualismo es más bien un ataque a toda una generación de intelectuales que ya cansan, que se beneficiaron al prestar sus talentos al viejo discurso oficial, a la antigua cultura de barricada, o que optaron por el silencio cómplice.

Donde estos viejos dinosaurios (es curioso que ninguno de los que publicaron sus objeciones tiene menos de 59 años), ven sombras de 1971 y del “quinquenio gris”, yo veo la anunciación de un cambio de guardia (no necesariamente para bien). En su lamento bolchevique no se dan cuenta de lo que de verdad se les viene encima, o quizás ya no tienen alternativa. En  Cuba, la cultura es uno de los últimos espacios que el gobierno está dispuesto a ceder. La cultura se sigue entendiendo como arma de combate. Preparan un nuevo tipo de batalla cultural para nuestros tiempos. Bienvenidos al totalitarismo con rostro humano.


Roberto Madrigal

Tuesday, September 2, 2014

Los ensayos de Emilio Ballagas



A pesar de lo difundido y estudiado de su obra poética, la ensayística de Emilio Ballagas no ha recibido la atención que se merece. Menos numerosa que su poesía, no es por ello menos relevante.

Acaba de publicarse Ensayos Escogidos Emilio Ballagas, una edición que recoge una selección de ensayos revisados y prologados por el escritor Manuel Ballagas, hijo del poeta. Un trabajo de rescate cultural que ha tomado años de cuidadosa faena. Esta edición no solamente viene a llenar un vacío en la bibliografía de la literatura cubana sino que también se hace para hacer justicia y proteger su patrimonio.

Según cuenta el editor, en los primeros días de mayo de 1980, tas haberse asilado Manuel Ballagas en la embajada del Perú en La Habana, “una turba de burócratas y policías asalto el apartamento de nuestra familia…Venían en nombre de las máximas instancias del gobierno comunista de Cuba a apropiarse de la valiosa colección de archivos, artículos personales, fotos, publicaciones, correspondencia y documentos de mi difunto padre…”. Más adelante continúa: “Valiéndose de este botín…diversos entes gubernamentales cubanos y sus amanuenses han producido en los últimos años ediciones espurias de las obras de Emilio Ballagas” las cuales según Manuel “merecen un puesto ante los tribunales antes que espacio en la biblioteca de cualquier entidad seria o persona honrada”.

Pero los ensayos nunca han sido recogidos en un solo volumen. Publicados individualmente en revistas como Carteles, Grafos y Cuadernos Universitarios, o como conferencias dictadas en la Universidad del Aire que patrocinaba la CMQ o leídos en el Lyceum de La Habana o en la Sociedad Cultural Ateneo de Villaclara esta es la primera oportunidad de enfrentar en bloque estos textos.

Aquí se recogen los ensayos de un poeta que tratan sobre la poesía, analizando rasgos de las obras de Whitman, Tagore, Ronsard, Baquero y García Lorca, que no solo nos informan de la universal visión del poeta como ensayista, sino también de los tópicos de interés en los círculos culturales de la época. Ballagas se nos presenta en estas páginas como un escritor de prosa informada resuelta con simpleza, con un lirismo imaginativo a la vez que sobrecogedor, y un discurso diáfano y ameno.

Es un libro que no solamente es de gran interés para los estudiosos de la literatura cubana, sino también para todo aquel curioso por conocer un poco de la historia cultural cubana, de sus intereses y valoraciones.

 

Ensayos Escogidos Emilio Ballagas. Prefacio, selección y notas de Manuel Ballagas. www.lulu.com. Estados Unidos, 2014. 241 páginas. El libro se encuentra disponile en amazon.com y en lulu.com

 

Roberto Madrigal

Monday, August 25, 2014

Fiesta y destino


La Casa Spaso, una mansión palaciega de estilo ruso imperial,  localizada en el distrito del Arbat, fue construida en 1913 para vivienda del poderoso industrialista textil Nikolai Vtorov. Finalizada en 1914, tras el triunfo bolchevique y la misteriosa muerte de Vtorov, pasó a ser la residencia del Comisario del Pueblo para Asuntos Extranjeros, Georgui Chicherin y luego de importantes diplomáticos soviéticos.

Desde 1933, la Casa Spaso pasó a ser la residencia oficial del embajador de los Estados Unidos. Fue escogida para ello por el primer embajador ante la Unión Soviética, tras dieciséis años durante los cuales los Estados Unidos se había negado a reconocer la existencia de la nueva nación como estado. Cuando William Bullitt llegó a presentar sus credenciales diplomáticas, Stalin le ofreció la oportunidad de escoger para su residencia cualquier casa que le gustara.

El 23 de abril de 1935, Bullitt decidió organizar la fiesta más grande que jamás se había dado en Rusia. Fue una fiesta en la cual se confundieron la literatura, la política, la tragedia y el devenir histórico en un país en plena convulsión. Una ocasión más en la cual la naturaleza imitó al arte y este a su vez se nutrió de ella.

El propio Bullitt era un personaje de novela. Proveniente de una familia prominente de Filadelfia, tras graduarse de Yale y trabajar por un tiempo como abogado en el bufete de su abuelo, se casó en segundas nupcias con la periodista Louise Bryant, viuda de John Reed, el autor de Los diez días que estremecieron al mundo. El personaje de Bryant fue protagonizado por Diane Keaton en la película Reds, que está en parte basada en el recuento que de aquellos años hizo Bryant en su libro Six Red Months in Russia. Bullitt quedó impresionado por los sucesos ocurridos durante la revolución bolchevique y desde 1919 estuvo, infructuosamente, tratando de convencer a Woodrow Wilson de abrir relaciones diplomáticas con el nuevo gobierno de los soviets.

Bullitt escribió una novela, muy mala, titulada It’s not done (1926), que no pasaba de ser una perreta infantil contra la aristocracia que en Filadelfia circulaba alrededor de la plaza Rittenhouse. La novela ha quedado olvidada mientras que Rittenhouse sigue siendo uno de los centros más atractivos de la ciudad, en la cual se cruzan saltimbanquis, aristócratas paseando sus perros, estudiantes del aledaño instituto musical Curtis y jugadores de ajedrez blitz, quienes por dinero juegan con quien los invite.

En 1925 Bullitt compartió en Paris la fiesta móvil con Fitzgerald y Hemingway, con quienes bebió, diletó y trabó una buena amistad y luego quedó muy impresionado con el personaje de Gatsby. La idea de la fiesta en la Casa Spaso era superar en espectacularidad lo descrito por Fitzgerald en su novela.

Para la gran fiesta, que Bullitt quería hacer “al estilo ruso”, alquiló aves exóticas, que mantuvo detrás de una red, corderos y cachorros de osos que se movían por los pasillos y hasta gallos encerrados en jaulas que colgaban de las paredes. Al evento asistió el tout Moscú, quinientos invitados entre los cuales se incluían ministros, intelectuales bolcheviques como Bujarin y Radek, así como los más altos líderes militares soviéticos, entre ellos los mariscales Tukachevski, Yegorov y Budyony. Los cuatro primeros serían víctimas de la Gran Purga de Stalin un par de años después, mientras que Budyony se convertiría en uno de sus principales acusadores. Futuras víctimas y victimarios compartían el vodka y el champán financiado por el representante de la potencia enemiga.

Entre los invitados se encontraba un dramaturgo que tras muchos conflictos con la censura cultural soviética, había sido perdonado y restablecido por Stalin. Era Mijail Bulgakov, quien ya para entonces tenía escrito gran parte del manuscrito de El maestro y Margarita, la novela más leída de toda la literatura soviética y una de las más importantes de toda la literatura rusa. La obra que lo devolvió al ostracismo. Bulgakov estaba en compañía de su tercera esposa, Elena, quien le sirviera de modelo para el personaje de Margarita.

La fiesta comenzó a las doce de la noche. Excepto por los mariscales y los intelectuales bolcheviques, los hombres vestían de frac y las mujeres con vestidos de llamativa elegancia. Los animales hicieron de las suyas, algunos pájaros escaparon y picotearon en la comida, un osezno se emborrachó de champán y todos los participantes se observaban con suspicacia y comentaban en susurros. A las cinco de la mañana, en una escena que luego sería reproducida en Russian Ark, el filme de Sokurov en el cual los aristócratas rusos fiestean en el Hermitage, poco antes del advenimiento de la Revolución Rusa,  sin consciencia de lo que se les viene encima, los invitados comenzaron a abandonar la mansión con un optimismo alcohólico acerca de sus respectivos futuros.

Bulgakov se fascinó tanto con la fiesta, que la utilizó como modelo de su capítulo “El baile de primavera de Satán”, en la novela antes mencionada. Esta fiesta agorera le llevó a hacer varios cambios en su obra, ya que hoy es bastante reconocido que Voland, el mago misterioso de origen incierto en El maestro y Margarita, está basado en Bullitt. También se sabe que Bulgakov tenía una versión anterior del baile de Satán que remplazó en favor de la que aparece en el libro. Elena siempre declaró que la primera versión le parecía mejor y Bulgakov, poco antes de morir, quemó la versión original para que nunca le editaran su novela y le cambiaran la fiesta que él favoreció.

Bullitt, quien entre otras hazañas, convenció a Freud (de quien había sido paciente), de escribir a dúo una psicobiografía de Woodrow Wilson que no se publicó hasta 1967, fue nombrado embajador en Francia al año siguiente, pero para cumplir el destino ominoso de los participantes de esta fiesta, terminó enredado en una trama de su propia urdidura que lo hizo víctima de los círculos de poder.

En su celo de protagonista, en 1941 fue ante el presidente Roosevelt para decirle que Sumner Welles, (entonces subsecretario de estado, un favorito del presidente, quien lo había nombrado como mediador en la Revolución de 1933 en Cuba), era un homosexual que pagaba favores a los porteros de los hoteles en los cuales se alojaba, Roosevelt respondió con indignación y separó a Bullitt del Departamento de Estado. Más tarde, en un aparente gesto conciliatorio, Roosevelt lo convenció a postularse para alcalde de Filadelfia mientras por detrás le avisaba a los dirigentes del partido demócrata de la ciudad que lo degollaran políticamente. Bullitt perdió estruendosamente.

Bulgakov murió en 1940. Bullitt, después de caer en desgracia, se convirtió en un vagabundo defenestrado y escribió artículos de furibundo anticomunismo hasta su muerte en Neuilly, Francia, en 1967. Sus restos fueron regresados a su natal Filadelfia.


Roberto Madrigal

Sunday, August 17, 2014

Las memorias de un cura rural


No hay dudas que el Cardenal Jaime Ortega Alamino será reconocido como una figura relevante en la historia de Cuba. Sus habilidades como político protagónico, más que como pastor de su rebaño, le aseguran esa posición. 

No voy a repetir la historia de muchos conocida, de la beligerancia con la cual el gobierno de Castro enfrentó a la iglesia desde su llegada al poder. Intervención de escuelas católicas, expulsiones masivas de sacerdotes y hasta la persecución del Cardenal Arteaga, quien tuvo que buscar asilo en la embajada argentina y luego en la nunciatura. Tras la muerte de Arteaga en 1963, le sucedieron en el cargo más alto de la jerarquía ecleciástica de Cuba, Monseñor Evelio Díaz (1963-70) y Monseñor Francisco Oves (1970-81). Ambos tomaron posiciones de enfrentamiento ante la avanzada del gobierno. El primero renunció tras obligársele a firmar una carta denunciando al embargo americano, el segundo se dice que se vio forzado a renunciar tras enfermarse de los nervios y partió inmediatamente a un exilio en El Paso, Texas, donde murió poco después.

Cuando el Cardenal Ortega tomó posesión del Arzobispado de La Habana en 1981, las iglesias cubanas estaban en ruinas y apenas unas decenas de feligreses asistían a las misas dominicales. Las actividades de los desorganizados católicos cubanos eran imperceptibles y no había suficientes sacerdotes para atender a las congregaciones.

Treinta y tres años después, gracias a sus relaciones con las iglesias alemana y americana, asi como a su posición apaciguadora y a ratos genuflexa con el gobierno, ha logrado reparar iglesias, recuperar el número de feligreses, activar las labores del Seminario San Carlos, la visita de dos Papas a Cuba y ha convertido a la Iglesia Católica en el elemento más notable de la sociedad civil cubana. Ha podido mantener publicaciones que en algún momento han desafiado el pensamiento político ortodoxo de la isla y hasta ha creado un sistema de guarderías.

Aunque parece mucho, no es más que un granito de arena en el desarrollo de una sociedad civil o de una oposición al gobierno. No solamente estos pocos pasos, muchos de ellos más simbólicos que otra cosa, no asustan a las autoridades, sino que le han permitido al gobierno continuar dominando sin tener que preocuparse por una oposición seria desde el punto de vista de los católicos en general (aunque una de las figuras más destacadas de la oposición, Oswaldo Payá, era un católico militante), sino que el precio pagado por estos logros ha sido el de callar y en consecuencia otorgar los abusos cometidos contra la iglesia y sus feligreses.

A pesar de que en el Apocalipsis se dice que: “…por cuanto eres tibio…te vomitaré de mi boca”, el Cardenal Ortega escogió la tibieza para regir su apostolado. Con un lenguaje ambivalente y de retórica confusa, se las ha arreglado para satisfacer al gobierno exclamando que no desea que en un postcomunismo venga una sociedad de capitalismo atroz que convierta la mentalidad del cubano en una mentalidad mercantilista e insensible. O reduciendo a un grupo de opositores como personas sin cultura y con poca sanidad mental.

Ahora, en sus más recientes declaraciones, trata de distorsionar la memoria nacional. En una entrevista concedida hace unos días a la emisora cubana Radio 26, el Cardenal, que sufrió en carne propia los abusos del castrismo al ser enviado a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) en 1966, declara: “…fue una experiencia tremenda de conocer la vida como no la puede conocer uno en los estudios de Teología. Sería increíble el anecdotario de lo que era la presencia de un sacerdote en medio de aquellos hombres desesperados. Yo era un muchacho”.

Ese “muchacho” tenía a la sazón treinta años y del anecdotario no se hace mención, sino que más adelante lo redime todo como una “lección tremenda de lo que es el ser humano… de lo que sufre la gente”, pero no se atreve a hablar por los que no tienen voz. Todo se resume en una experiencia personal. El buen pastor no le da expresión a su rebaño.

En un momento en el cual este episodio se quiere ocultar o minimizar como un fenómeno de la época, que ya se ha superado y que no fue tan grave como lo ocurrido en otros procesos del mundo y que se quiere exonerar de responsabilidad a la pandilla que desde entonces sigue gobernando al país sin ningún sentimiento de culpabilidad, Ortega no tiene el coraje de mencionar algunas de las atrocidades, sino un par de comentarios insignificantes.

Conozco a varias personas que estuvieron presos en la UMAP. Todos están profundamente marcados por el evento. Son personas que muestran signos de un síndrome de estrés postraumático, que cuando se les recuerdan los hechos pierden la compostura. Hechos, como por ejemplo, por citar solamente uno, poner a los testigos de Jehová en el piso, acostados bocabajo, y obligar a los otros presos a caminar por encima de ellos, y el que no lo hiciera era castigado en celda de aislamiento.

            Por supuesto, no soy tan ingenuo como para pensar que de haber dicho esto, o algo parecido, se le hubiera reproducido la entrevista, pero si a los 77 años, ya retirado, el Cardenal no tiene el coraje de decir la verdad en voz alta, es mejor que no diga nada ni dé entrevista alguna. Este cura que se jacta de sus orígenes rurales en Jagüey Grande debiera olvidar un poco su egocentrismo y preocuparse un poco del prójimo a nivel individual y no seguir hablando como un político pasivo, un cómplice del totalitarismo.

Es cierto que su filosofía de pasito a pasito y poquito a poquito se aviene a la política universal de la Iglesia Católica, que apuesta a la eternidad, pero los seres humanos tienen el tiempo limitado y casi nadie que los ayude a redimirse en este mundo. Ese enfoque que quiere ser espejo de paciencia, solamente invita a perseverar en la actitud de que al gobierno lo tumbe el viento o Lola con su movimiento. Es poner en manos de la erosión biológica la solución de los problemas. La ley del menor esfuerzo, la perpetuación del parasitismo social y económico.

 
Roberto Madrigal

Saturday, August 9, 2014

Un gran problema para la creación de la sociedad civil y la oposición leal en Cuba.


En 1966 se me ocurrió la idea de organizar un torneo de ajedrez independiente, al margen del INDER y de la Comisión de Ajedrez. Nos reunimos un pequeñísimo grupo de amigos y acordamos bautizar el evento como Jorge Cadena In Memoriam, parodiando al Capablanca In Memoriam y homenajeando a un joven jugador mejicano que participó en algunos torneos en Cuba y falleció repentinamente.
En el primer “Cadena”, como después se conoció el torneo, participamos Luis Rabassa, entonces campeón nacional estudiantil, Juan Fernández, quien poco después llegaría a ser campeón nacional y Maestro Internacional, Luis Miguel Hernández, un buen jugador que luego perdió el interés por el ajedrez organizado, y yo, sapo perenne. Eramos todos unos adolescentes. El torneo se jugó en casa de Juan Fernández (quien mucho más tarde la permutó con unos de los gemelos de la Guardia, creo que Antonio). Se dio a conocer entre unos pocos. La idea gustó. Cuando aquello todavía quedaban algunos pequeños negocios particulares en Cuba.
El torneo creció al año siguiente, esta vez tuvo lugar en mi apartamento. Se popularizó de boca en boca y jugadores de mayor importancia decidieron participar en el mismo. En 1969, unas cuantas leyes y discursos después, ya pasada la Ofensiva Revolucionaria de 1968 y comenzando el llamado “quinquenio gris”, solicitamos permiso para llevar a cabo el evento en la Casa del Ajedrez, situada en 15 y C. Nos lo permitieron. Ahí ya participaron jugadores con títulos de Maestro Nacional y varios que luego llegaron a ser grandes maestros, como José Luis Vilela. Tuvimos hasta público, a pesar de que no se le hizo promoción oficial.
A los participantes se nos ocurrió poner dinero para crear un fondo y premiar al ganador y al segundo lugar. De alguna manera, se enteraron los funcionarios de la Casa del Ajedrez y de ahí la información pasó al INDER y a la Comisión de Ajedrez. Se suspendió el torneo a medio camino. Uno a uno fuimos llamados a contar y se repartieron sanciones. Como organizador, fui el más perjudicado, se me prohibió jugar eventos oficiales por un año. Nada podíamos hacer en contra de la voluntad de las organizaciones gubernamentales que imponían sus propias reglas. Dinero y deportes no podían ir juntos.
En 1972 fui uno de los organizadores de la primera Federación de Ajedrez Postal. Era un proyecto conjunto con Francisco “El Chivo” Acosta y no tenía permiso del INDER. Se crearon reglas y estatutos y se organizó un torneo inicial.  El comité organizador estaba constituido por un grupo de jóvenes con apenas veinte años y sin afiliación política con las organizaciones del estado. Inmediatamente la Comisión de Ajedrez, presidida ya entonces por el tenebroso Jorge Vega, antiguo “asesor” del Che Guevara, nos quitó la federación de las manos y primero se adueñó de ella y luego la cerró.
En 1977 o 1978 (ya no lo tengo claro en el recuerdo, no hacía apuntes entonces), participé en un segundo intento de crear otra Federación de Ajedrez Postal, esta vez el proyecto fue promovido por Jorge Daubar (autor de una biografía de Capablanca y quien tengo entendido falleció hace poco en Miami), varios años mayor que yo y de quien se decía que había participado en la lucha contra Batista y tenía conexiones con gente del gobierno. Dada la influencia de Daubar, esta federación, también independiente, despegó mucho más y se convirtió en una federación paralela pero bajo control del INDER, aunque independiente de Vega y de la Comisión de Ajedrez. En medio de eso me fui y después el estado absorbió completamente el proyecto.
No sabía entonces que por iniciativa propia, o por embullo, participaba de esfuerzos (mínimos) de poner un granito de arena para la reconstrucción de una sociedad civil. Esfuerzos, que por pequeños e irrelevantes, fueron apachurrados con facilidad y sin promoción.
Uitilizo este ejemplo personal para ilustrar el mayor problema con el que se tropezará en Cuba en los intentos de crear una sociedad civil y una oposición “leal”. Es que no solamente las reglas del juego vienen definidas por el omnipotente partido único, que además decide los cambios y establece a su antojo los límites de la crítica, sino que además la oposición no tiene nada que ofrecer en una negociación.
En un país en el cual hay más partidos políticos clandestinos que ciudadanos , no existe ninguna organización seria que represente a un grupo de opinión significativo. No existe un proyecto a gran escala ni unidad de criterios (incluso para disentir), lo cual por supuesto es producto de 55 años de dominación total de la esfera política, económica y civil por un solo partido, apoyado por un bien sincronizado mecanismo de vigilancia y represión que no permite la difusión de ideas que no sean las suyas.
¿Qué puede en este momento ofrecer un proyecto de oposición a cambio de que el gobierno relaje sus leyes y le permita ocupar y crear espacios sociales? Nada. El problema es que una negociación implica que ambas partes tienen algo que ceder y algo que ofrecer que son de mutuo interés, pero en Cuba, desgraciadamente, la oposición no tiene nada que ofrecerle a un gobierno que lleva medio siglo ejerciendo el poder absoluto.
Más allá de las discusiones teóricas que se han llevado a cabo recientemente, principalmente por un pequeño grupo de intelectuales de la isla y del exilio, lo primero que se necesita para empezar a intentar transformaciones pacificas es la creación de organizaciones que puedan llevar su mensaje a las masas y que presenten ante estas (no ante el gobierno), una plataforma sensata de oposición. Eso, en un país totalitario, en donde los medios de información son de uso exclusivo del gobierno, es imposible, o al menos muy difícil. El gobierno está muy satisfecho con el control que ha ejercido por todos estos años y ha sido muy hábil en abrir válvulas de escape cuando su olfato le indica que en necesario.  Puede, por objetivos lúdicos, dialogar el tiempo que quiera, pero sin ninguna finalidad.  No está ocurriendo en Cuba nada que lo lleve a cambiar fundamentalmente su posición. Eso parece ser al menos el futuro inmediato.


Roberto Madrigal

Wednesday, July 30, 2014

Un castro y dos putinas


Una de las características principales del dictador totalitario en su labor de endiosamiento, es el deslinde de su vida pública y su vida familiar. Las relaciones humanas son el tabú del tótem en lo cual el dictador pretende erigirse. Mientras más íntimas peor. Los máximos líderes son figuras que se supone guíen a las masas más allá del tiempo y del espacio. La familia no solamente es lo efímero y terrenal, sino que rebaja al dios a nivel humano.

Una de las razones de la cursi hipocresía de las democracias occidentales, que se esfuerzan (sobre todo la americana) en insistir por presentar en público a los presidentes en compañía de sus esposas e hijos, es tratar de mostrarlos como seres humanos asequibles, alguien que se parezca al vecino, un administrador eficiente que se beneficia de las bondades de la democracia tanto como el resto de los comunes mortales. En fin, un igual solamente un poquito más igual.

La relación con la prole es de especial atención para los dictadores. Los descendientes se esconden y no aparecen hasta que el omnipotente y omnipresente líder se encuentra en su etapa final, ya perdido el combate con la biología, para utilizarles como dispositivo  detonador de respuestas emotivas en la población y en algunos casos, como elemento de continuidad.

En los países democráticos esto es casi imposible de alcanzar porque los presidentes no controlan los medios de comunicación, aunque hay un acuerdo tácito mediante el cual la prensa trata de no entrometerse demasiado en las vidas privadas de los vástagos. Incluso las casquivanas jimaguas de Bush escaparon a un escrutinio intenso a pesar de ellas mismas.

Stalin, Mao y Castro son famosos por la forma en que condenaron a sus primogénitos a la oscuridad y al anonimato, principalmente durante sus períodos de infancia y adolescencia. Putin, el nuevo zar, quien cada vez revela más sus delirios de grandeza y sus ansias imperiales, no se queda atrás.

Hacia 1966, cuando cursaba el décimo grado, iba casi todos los sábados a jugar pelota, con un grupo de amigos, a los ya para entonces estropeados terrenos de la antigua Universidad de Santo Tomás de Villanueva (no sé qué será de ellos hoy en día). Un buen día se apareció, sin bulla y con timidez, un joven que se nos presentó simplemente como José Raúl. Nos dijo que estaba becado en el pre-universitario Carlos Marx y que nos veía desde la ventana de su  albergue y pidió jugar con nosotros. Siempre necesitados de gente para completar los equipos, lo aceptamos, aunque nos sorprendió, porque no pensábamos que los albergues del Carlos Marx llegaban tan cerca de la Quinta Avenida.

Quizá un año mayor que yo, de elevada estatura pero de físico ordinario, nada, ni sus habilidades deportivas, lo distinguía, a no ser por los dos mulatos bien altos y fornidos que calladamente lo acompañaban cada sábado. Nos dijo que eran sus compañeros de albergue. Tendrían cinco o seis años más que nosotros, pero entonces, no había límite de edad para estar en el pre-universitario, tuve compañeros de clase de 23 años. Nunca se incorporaron a los piquetes. Se mantenían sentados, atentos al juego y a cada uno de nuestros movimientos, en un escuálido fragmento de gradería que subsistía como pobre indicador de tiempos mejores.

Inmediatamente se corrió la voz de que era Fidel Castro Díaz-Balart. Nos lo confirmaron, con esa incierta certeza que predomina en un universo que preside el rumor,  unos amigos que estudiaban con José Raúl en el Carlos Marx. Nunca le dijimos nada. Nuestros padres nos advirtieron que ni se nos ocurriera preguntarle. Más adelante tuvimos otras formas de confirmar su identidad, pero entonces solamente teníamos esa información circunstancial. Continuamos jugando como si nada, aunque después lo comentábamos entre nosotros. Nos limitábamos a jugar y a no expandir nuestra relación. No hablaba mucho y un día, unos cinco o seis sábados más tarde, de la misma forma tímida y callada en la que apareció, se nos desapareció.

El resto de su historia, después de los ochenta, es bastante conocido. Más tarde se nos ocurrió pensar cuán triste debió haber sido su adolescencia, obligado a guardar en secreto su identidad, llevando su propio rostro y una falsa historia como máscara. Una infancia y una adolescencia, como Castro castrado, muy distinta a la que probablemente tuvieron sus primos hermanos, los congresistas floridanos Díaz-Balart.

Desde que asumió el poder, Vladimir Putin se las arregló para mantener oculta la existencia de sus hijas. De ellas existe información fragmentada y contradictoria. Residían en el más cómodo ostracismo hasta que hace unos días, tras el derribo del vuelo MH17, cuyos pasajeros eran mayoritariamente holandeses, se desató una protesta frente a un lujoso edificio de diez plantas en la pequeña pero afluente localidad de Voorschotem cerca de La Haya. Los protestantes se encontraban ahí porque los dueños del penthouse que ocupa los dos últimos niveles son María Putina, de 29 años, hija del presidente ruso, y su esposo, el holandés Jorrit Faasen, de 34 años, alto ejecutivo de varias compañías petroleras, entre ellas Gazprom, la corporación estatal controlada por el gobierno ruso. El alcalde de Hilversum, pidió que la deportaran, aunque luego se disculpó por su exabrupto.

Este  matrimonio era hasta ahora un rumor no confirmado, pero la tragedia de la aerolínea malaya lo sacó a relucir y provocó su confirmación.  De igual manera, han salido a la plataforma pública datos sobre la hija menor, Ekaterina Putina, de 27 años, de quien se dice que es una orientalista que ha estado comprometida o quizá casada con un sudcoreano, hijo de un agregado militar de la embajada de Corea del Sur en Moscú durante los años 90.

Las magras informaciones, de dudosas fuentes, que existen sobre ellas, sitúan el nacimiento de María en San Petersburgo  y el de Ekaterina en Berlín Oriental, cuando su padre cumplía funciones de la KGB en Dresde. Lo que sí está confirmado es que ambas estudiaron la primaria en Dresde y que impulsadas por su padre, continuaron sus estudios en alemán, una vez que ya residían en Rusia.

A María la han descrito como “glamorosa” y a Ekaterina como “estudiosa”. Pero por mucho que se afane Putin por ocultar a su familia, tragedias, divorcios y otros sucesos siempre se encargan, como fue el caso de los hijos de los otros dictadores, de desenterrar los secretos y airear los trapos sucios.  Quizá algún día José Raúl, María y Ekaterina se decidan a escribir las memorias de sus atroces infancias, de víctimas de abuso mental por decreto y ayuden a bajar del pedestal a sus inclementes figuras paternas.


Roberto Madrigal