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Thursday, March 17, 2016

Beaker Street


No sé decirles cómo fue, ni exactamente qué pasó. Uno se cree que siempre va a recordar los momentos importantes de su vida, pero en realidad lo difícil es dilucidar en su momento si este tiene importancia.

Ocurrió, ahora que lo recuerdo, en algún lugar de la prehistoria de las comunicaciones. Mucho antes de que existiera el mundo virtual, o las comunicaciones vía satélite. Ni siquiera, al menos en nuestro mundo, existía la frecuencia modulada. Pero una noche, ya algo tarde, poco después de que dieran las diez, a finales de 1966 o principios de 1967 (como les digo, el recuerdo del comienzo es vago), en mi viejo radio Zenith, solamente con frecuencia AM, cuando las emisoras cubanas perdían potencia, se coló una emisora americana, de un lugar que parecía tan distante como otra galaxia, Little Rock, con unos espectrales sonidos de fondo que sugerían una nave espacial perdida más allá del sistema solar.

La emisora era KAAY, el programa se llamaba Beaker Street y el disc jockey, que se nombraba Clyde Clifford, tenía un hablar pausado, como alguien en estado avanzado de embriaguez, anunciaba que este era: “Beaker Street, un servicio de música underground que ofrecía KAAY desde Little Rock, Arkansas”. Aquella primera irrupción (de la que cada cual tendrá su recuerdo particular), comenzó una larga fiesta referencial nocturna para los roqueros cubanos, fueran músicos, fanáticos o simplemente diletantes.

La voz corrió rápido y las calles habaneras quedaron vacías de pepillos a partir de la diez de la noche. Los que tenían radios se quedaban en sus casas y los que no tenían, se iban a visitar a quienes los tenían, para reunirse allí hasta que el programa terminara ya entrada la madrugada. Esos aquelarres de melenudos, sazonados con alcohol, eran un dolor de cabeza diario para los miembros de los Comités de Defensa de la Revolución.

Al día siguiente, el programa era tema obligado en los patios de las secundarias básicas y los preuniversitarios. Hasta ese momento, estábamos limitados a oír, en placas clandestinas o en viniles que traían quienes podían viajar o tenían un pariente que lo hacía, música de los Beatles, los Rolling Stones, los Dave Clark Five, los Bee Gees y otros grupos populares y de atractivo comercial, que también se escuchaban por el día en las emisoras de Miami que entraban con facilidad como WQAM primero y WGBS después. Pero aquí se nos abría todo un universo inesperado.

Era el rock psicodélico, al cual indistintamente llamábamos rock underground, rock sinfónico o rock ácido. Caminando por Beaker Street, que transmitia álbumes completos, canciones interminables y todo sin interrupciones comerciales, nos llegaron, entre otros, Traffic, Pink Floyd, los Yardbirds, los Moody Blues, Grateful Dead, Electric Prunes, Frank Zappa and the Mothers of Invention, Jefferson Airplane, los Doors, Big Brother and the Holding Company, Donovan, King Crimson, Cream, The Jimi Hendrix Experience y Janis Joplin.

No entendíamos mucho, aunque nos creíamos que nos la sabíamos todas. Pero de ahí, nuestros intereses culturales se ampliaron a otras áreas como la literatura y el cine, ya que aquello nos ponía en contacto con Jack Kerouac, Allen Ginsberg, William Burroughs, Ken Kesey y todo el movimiento de la contracultura americana, así como a las figuras de Aldous Huxley y Arthur Koestler. Nos empezamos a imaginar las películas de Polanski (una especie de nuestro héroe existencial pues vimos en Cuba su Cuchillo en el agua y después supimos que se había exilado) que no veíamos, como Rosemary’s Baby y las todavía más míticas The Shooting, Ride in the Whirlwind y Easy Rider, por ser del movimiento underground que solamente se nos permitía imaginar.

De repente nos sentíamos muy importantes, porque guardábamos un secreto a voces que nos hacía poner en peligro nuestros estudios y nuestro futuro. Ya éramos más conocedores de “la música del enemigo” y disfrutábamos el efecto bueno que tiene la censura en el censurado, ya que le da importancia al considerarlo como enemigo peligroso. Eso nos llenaba de orgullo. Un arrebatado le escribió a Clyde Clifford y a partir de una noche, todos los días escuchábamos su saludo: “Greetings to the Cuban audience”.

No que fuera fácil, muchos en realidad perdieron su futuro y su libertad por el simple hecho de escuchar esta música y perseguir la literatura de la contracultura americana. Ahora puede que uno mire con nostalgia acaramelada, pero entonces, para unos jóvenes ingenuos, muchos ni siquiera mayores de edad, las consecuencias fueron funestas. Eramos, en realidad, rebeldes sin causa, pero fuimos encausados.

No sabía entonces, lo supe mucho después, que Clyde Clifford se llamaba verdaderamente Dale Seidenschwarz, ni que la música de fondo que acompañaba al programa era la compuesta por Henry Mancini para la película Charade una de las pioneras del movimiento psicodélico. Me imaginaba, aunque no estaba seguro, que el nombre Beaker era una alusión al LSD, a ese vaso de precipitación que se usa en los laboratorios químicos y en el cual se preparaba esa droga.

Ya a principios de los setenta, nos enteramos, en las semanas finales del programa, que Guillermo Cabrera Infante había escrito el guion de un filme psicodélico, Wonderwall (1968) del cual la música era de George Harrison, y nos sentimos aún más cómplices de la psicodelia.

Beaker Street terminó su primera y fundamental etapa en 1972. Clyde se fue de ahí y otros continuaron con menos éxito y ya ni le hicimos caso. En los noventa, Clyde Clifford, ya oficialmente para todos Dale Seidenschwarz, reinició el programa en formato diferente y una vez a la semana. La última emisión de Beaker Street fue el 17 de febrero de 2008.

Ahora que todos van y que los Rolling Stones, de quienes Beaker Street transmitió principalmente The 19th Nervous Breakdown y Paint It Black, sus canciones más psicodélicas, están al dar un concierto gratis en donde antes estuvieron prohibidos, me vinieron a la mente estos recuerdos, que ahora los puedo digerir con agradecimiento, pero que entonces me abrían pasadizos prohibidos y un entendimiento peligroso. Beaker Street, sin proponérselo y sin saberlo, nos llevó a muchos a transitar, dando palos de ciego, por una cultura que se nos negaba y se nos presentaba como satánica. Nos conminó a enfrentar un desafío necesario. Si esta noche cierro los ojos y pienso en entonces, solo veo una noche cerrada y una sensación de mucho miedo.


Roberto Madrigal

Monday, March 7, 2016

Conmiseración por el diablo


But what’s puzzling you
Is the nature of my game, oh yeah, get down, baby.

Con cincuenta años de retraso llegan a La Habana “Los chicos malos del rock and roll”, ahora convertidos en “Los ancianitos malos del rock and roll”. Todo un espectáculo para arqueólogos y especialistas en momias vivientes.

De longevidad probada, hasta hace diez años los Rolling Stones fueron la única banda de los años sesenta que se mantuvo componiendo canciones nuevas para el gusto de la juventud y cuyas canciones llegaban a los primeros lugares del hit parade. Es probable que los grupos de pop y rock moderno están más influenciados por ellos que por los Beatles. Mick Jagger es el icono de la eterna juventud y de la rebelión adolescente. Maroon 5 tituló una canción “Got the moves like Jagger” y Kesha en “Tik Tok” dice que no acepta a ninguno de esos muchachos que le caen atrás y “les da una patada a no ser que luzcan como Mick Jagger”.

Pero eso fue en 2011, en los últimos cinco años, los enérgicos septuagenarios Stones originales (Ronnie Wood, el pichón de solo 68 años se sumó a la banda en 1975), han perdido mucho de su lustre. Ya no componen nada nuevo que valga la pena, sus giras, como las de las demás bandas de los sesenta, se dedican a repetir éxitos pasados (no se les puede criticar, después de todo, los compusieron ellos), meramente en busca de más dinero. Han pasado a ser parte oficial del establishment del glamour de las revistas del corazón.

Yo me alegro que vayan y toquen de gratis. Al menos le harán la noche a alguno de aquellos viejos roqueros a los que no se le permitió, por decreto gubernamental de la casta aún dominante, oírlos libremente. No creo que queden muchos fieles, la mayoría anda por estos lares, pero espero que los disfruten los que queden.

No tengo idea de cómo se hará para entrar. El hecho de que los presenten en un sitio cerrado me hace pensar que querrán controlar la entrada de sus súbditos y convocarán a todas las organizaciones de masa para que asistan ordenadamente y así minimizar la asistencia de los fieles roqueros. Porque por supuesto, los Stones han influenciado a muchas generaciones más jóvenes que la de los viejos roqueros aplastados por el sistema. Pero este tipo de espectáculo le da dolor de cabeza al Ministerio del Interior, siempre corre el peligro de que el vulgo se desate en algo imprevisto.

No sé, si yo aún viviera en Cuba (cosa que me cuesta trabajo imaginar), fuera a verlos. Fui de esa generación para la cual escuchar esa música era arriesgar los estudios, ser llamado al Servicio Militar Obligatorio, o a la UMAP y perder de por vida toda oportunidad de tener una carrera. A muchos les pasó. Para mí los Stones, asi como los Who, Led Zeppelin, Grand Funk Railroad, Buffalo Springfield, Beatles, Traffic, Cream y tantos otros, no solamente tenían la efervescencia del momento, sino el añadido encanto que les daba la censura. Me servían como definición ideológica y le daban causa a  mi rebeldía.

A estas alturas ya no me entusiasman. Los he podido ver aquí y no lo he hecho. No soy proclive a la nostalgia. Al menos en 1979 durante el Havana Jam, en el cual a pesar de todas las restricciones y controles pude colarme las tres noches gracias a los buenos oficios de un amigo entonces yugoslavo (ahora croata), Weather Report, John McLaughlin, Tony Williams, Jaco Pastorius y Billy Joel estaban aún en su mejor momento y mantenían su condición de censurados hasta ese día. Incluso fue un concierto rigurosamente vigilado. Hoy en día, aquí, prefiero ir a ver a The Black Keys, a Gary Cole Jr., a Alabama Shakes o a Linkin Park.

Quizá me molesta que los Stones vayan ahora cuando está de moda ir. Mucho después que Audioslave, un grupo americano y que por entonces, en 2005, estaba en pleno apogeo, tocara en el protestódromo, una plaza abierta más difícil de controlar (y como ejemplo  está el reciente concierto de Major Lazer y Diplo, aunque no son bandas de rock). Eso los hace un grupo más que se suma al barullo.

No creo, como piensan muchos exilados, que la ida (o no) de los Stones tenga ningún tipo de influencia en el destino del gobierno de los Castro. Ni que su concierto legitime nada (ellos están legitimados por casi sesenta años en el poder). Pienso, al contrario, que para el dictador sin discurso, el hombre que dirige ahora una satrapía sin épica, el hombre sin carisma, esta es una concesión necesaria para dejar que se escape un poco de frustración de las masas, para ahogar el descontento esta vez a ritmo de rock and roll. Es una suerte de derrota ideológica en un país en el cual la ideología funcionó como forma de represión y de la cual (de la ideología, no de la represión), ya queda poco. Visto así, el concierto es parte del sainete.

Quiero pensar que quizá por eso van Mick, Charlie y Keith, por esa inclinación que siempre han tenido de conmiserar a los tiranos del este (¿o a los oprimidos?), ya que tocaron en Varsovia en 1967 y se les negó presentarse en Moscú dos años después. Como expresaban, cuando eran Jagger, Richards, Watts, Wyman y Brian Jones: “So if you meet me/Have some courtesy/ Have some sympathy and some taste/…Use your well learned politesse/Or I’ll lay your soul to waste, mm yeah”.

Quizá esta vez los viejos roqueros que hayan podido llegar al espectáculo, piensen que los versos son dedicados al tirano y en su fuero interno sientan que se han desquitado, que finalmente se ha hecho justicia poética.


Roberto Madrigal

Friday, February 26, 2016

Predicciones de los óscares


Este domingo 28 de febrero vuelve la fiesta de Hollywood. Como en los cinco años anteriores, trataré de apostar o adivinar los premios de la academia en las siete categorías principales, que son, a mi consideración: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor Estelar, Mejor Actriz Estelar, Mejor Actor Secundario, Mejor Actriz Secundaria y Mejor Película en Lengua Extranjera. En 2011 predije correctamente cuatro de los siete. En 2012 acerté en cinco. En 2013 volví a predecir cuatro ganadores. En los dos últimos años adiviné seis de siete. No creo que repita ese acierto.
Estas predicciones no tienen que ver necesariamente con mi gusto personal. Llego a ellas en base a una serie de indicadores, como galardones obtenidos por los filmes nominados en otras premiaciones anteriores como los Globos de Oro, los premios BAFTA y los premios que conceden los sindicatos de actores y de directores de Hollywood. También reviso la historia de los óscares en los últimos años para detectar tendencias y favoritismos. No es una ciencia exacta y a veces las cosas se enredan, pero es posible acercarse bastante a los resultados si uno analiza estos detalles. De nuevo, como el año pasado, este es un año difícil en un par de categorías, pues en la mayoría de ellas los premios anteriormente mencionados los han ganado los mismos nominados.
Mejor actriz secundaria: Este año, esta es una de las categorías más fáciles de predecir. Kate Winslet, por su trabajo en Steve Jobs, se ha ganado todos los premios hasta ahora concedidos, excepto por el del sindicato de actores, que se le concedió a Alicia Vikander por The Danish Girl. Winslet está muy bien en su papel y es lo más seguro que gane también el premio de la Academia. No creo que el resto de las nominadas tenga chance. Winslet ganó un Oscar por mejor actuación estelar por The Reader y es una favorita de Hollywood. Vikander pudiera sorprender, pero lo dudo.
Va a ganar: Kate Winslet. Debe ganar: Kate Winslet.
Mejor actor secundario: Esta es probablemente la categoría más difícil de escoger. No se han repetido ganadores en los premios anteriores. Sylvester Stallone, que no ha sido nominado desde Rocky en 1977, ganó el Globo de Oro, Mark Rylance ganó el BAFTA muy merecidamente por su actuación en Bridge of Spies, Idris Elba ganó el del sindicato de actores y no está ni siquiera nominado. Tom Hardy es el mejor de todos en lo que debió ser una nominación estelar, pero no creo que gane. Pienso que por la inclinación al sentimentalismo de Hollywood, se le dará a Stallone.
Va a ganar: Sylvester Stallone. Debe ganar: Tom Hardy
Mejor actriz en papel estelar: Aunque en esta categoría cualquiera de las nominadas se merece el premio, todo parece indicar que Brie Larson se va a llevar la estatuilla sin discusión. Ha ganado todos los otros premios.
Va a ganar: Brie Larson. Debe ganar: Brie Larson.
Mejor actor en papel estelar: De nuevo, todos están muy bien y el premio nunca iría a parar a manos equivocadas, a no ser que se lo van a dar al que menos se lo merece, a DiCaprio, quien ha ganado todos los premios, ya que le están pagando una deuda.
Va a ganar: Leonardo DiCaprio. Debe ganar: Michael Fassbender.
Mejor película en lengua extranjera: Por lo general, este premio lo gana la película que una mayor cantidad de miembros de la academia pueden ver. Este año han nominado películas que ni siquiera se han estrenado. Sin embargo, las he podido ver todas con excepción de la colombiana, El abrazo de la serpiente. Pienso de todos modos, que la ganará Son of Saul, la húngara
Va a ganar: Son of Saul  Debe ganar: Son of Saul.
Mejor película: En una situación parecida al año pasado, la selección de la mejor película pienso que se deberá a lo que los votantes decidan hacer con Room y con The Revenant ya que ambas están nominadas como película y como director. The Revenant ha ganado todos los premios, asi que pienso que ganara aquí sin dudas..
Va a ganar: The Revenant. Debe ganar: Brooklyn.
Mejor director: Dejo esta categoría para última porque dada la predicción anterior, se convierte en su complemento. Pero Hollywood está babeado con Iñárritu y quizá romperán sus rutinas. Me arriesgo.
Va a ganar: Alejandro González Iñárritu. Debe ganar: Lenny Abrahamson
Roberto Madrigal

(Este trabajo sale también en Cubaencuentro)



Sunday, February 14, 2016

Cuando las instituciones fallan


Este año es probable que el electorado americano tenga que decidirse entre un hombre que pide restaurar a América su grandeza perdida y otro que dice que hay que darle a América la grandeza que nunca ha tenido. O sea ambos dirigen su discurso a unos electores frustrados con el estado de las cosas.

Además se ufanan de no ser producto del establishment, lo cual es cierto. Trump jamás ha ocupado un cargo público, Sanders, por su parte es un político independiente, aunque su reclamo de no ser parte del gobierno es en parte falso, ya que es senador de Vermont desde el año 2007 y fue congresista desde 1991 hasta 2007.

Curiosamente, ambos ofrecen una imagen que no es la del gusto del votante tradicionalista y mucho menos de los conservadores comme il faut. Trump se ha casado tres veces, dos de ellas con mujeres procedentes de la antigua Europa socialista. Sanders se ha casado dos veces y ¡oh, horror de horrores! Tuvo su único hijo con una novia con la que nunca se casó. Para agravar aún más la cosa, Trump es un presbiteriano resbaloso, pues practica su religión con mucha flexibilidad. Sanders es un judío de origen polaco que, a pesar de pasar un tiempo en un kibutz, no es religioso y no pone por delante su judaísmo, al contrario, le gusta presentarse como un “hijo de inmigrantes polacos”. Su esposa actual es católica.

¿Cómo es que se ha llegado al punto de que dos hombres que rompen completamente con la imagen tradicional del político americano se encuentren entre los probables candidatos a la presidencia? Que conste que esto no es del todo malo, añaden colorido a la contienda y obligan a los políticos de costumbre a mirarse bien ante el espejo.

En las democracias lo más importante es el funcionamiento de las instituciones que la componen. La presidencia americana sufrió un gran golpe con el escándalo de Watergate, no solamente Nixon quedó manchado, los futuros presidentes serían y serán, objetos de sospecha y desconfianza. No fue un hecho que mostró lo corrupto que podía ser un político, sino como se podía ejercer la manipiulación desde la presidencia.

La guerra de Irak fue otra debacle. Un presidente nos llevó a una contienda costosa, que llevó al país al borde de la bancarrota, basado en la tergiversación de una evidencia más que cuestionable que ha sumido a toda una región en el caos por ya más de una década.

Si trabajo le estaba costando al país recuperarse, la crisis bancaria y de bienes inmobiliarios fue otro golpe duro que mostró el lado más horrible y corrupto de las instituciones financieras, incluyendo las más serias. Las instituciones financieras de Estados Unidos colapsaron de la noche a la mañana tras años de prácticas en las cuales los consumidores resultaban peones que sacrificaban a su beneficio.

El crecimiento del mundo corporativo, que se expande como una epidemia agresiva, va ahogando las posibilidades de un mercado libre y de los pequeños propietarios. La clase media, que es el sustento de la nación, se achica. Ninguna institución gubernamental de carácter local, estatal o federal toma ninguna medida para favorecerla y evitar el avance desmesurado de los grandes monopolios, esas entidades incorpóreas pero depredadoras, que cada vez son menos pero más poderosos y que con sus donaciones y agrupaciones controlan a los políticos de uso.

En un país que es el almacén más grande de cultura que ha dado la humanidad, un imperio que a pesar de las quejas de los candidatos sigue siendo el más poderoso del mundo y que a pesar de todo se ha ido recuperando de nuevo, si bien a paso lento, los partidos dominantes son incapaces de sacar de sus filas un candidato atractivo. Sus más carismáticos y controversiales son: un hombre que empuja los límites de su partido y que se hizo republicano hace solamente cuatro años, quien más allá de su despreciable xenofobia, que puede no sea más que un acto de vodevil, es casi tan liberal como un demócrata en la mayoría de sus propuestas y otro que ni siquiera es miembro del Partido Demócrata, sino que ha podido presentarse como candidato por el mismo y recibir su apoyo, por un tecnicismo.

Después de todo, no me parece tan malo que dos extremistas situados en polos opuestos, que rompen con la imagen del político tradicional, hayan llegado tan lejos, porque es hora de restaurar no la grandeza de América, sino la transparencia de las instituciones que forman la base de la democracia, un trabajo nada fácil. Lo que pasa es que me temo que a larga, otro payaso, de cualquier bando, sea elegido y el circo continúe.


Roberto Madrigal

Thursday, January 28, 2016

Dos meditaciones


Son dos libros sin relación aparente. Uno, Tumulto, son las memorias y reflexiones de un octogenario escritor, que una vez fuera protagonista marginal de las revueltas de los años sesenta, pero que ahora se presenta como un hombre sin dogmas y desencantado, el otro, Notas al total, es la obra de un hombre a mitad del camino de su vida, en plenos desarrollo de su potencial literario, que reúne reseñas sobre lecturas, ensayos y notas de viaje hacia un mundo nuevo para él.

Hans Magnus Enzensberger y Gerardo Fernández Fe no pueden ser más distintos, aunque ambos están bien afincados, como lectores y escritores, en lo más tradicional de la cultura occidental. Lo muestran sus referentes. Fernández Fe ha leído a Enzensberger, de hecho, lo cita en su libro como entre “la enorme lista de fellow travellers…que desembarcaron en la isla para constatar por cuenta propia los entresijos de la Revolución…” La isla, por supuesto, es Cuba y es uno de los puntos de contacto entre ambos. No sé si Enzensberger ha leído a Fernández Fe, no consta.

Ambos son textos en los cuales el ensayo se mezcla con la narrativa. Enzensberger juega con la memoria para parecer difuso, mientras Fernández Fe es acucioso. Pero es quizá, aparte de su escritura cosmopolita, La Habana de finales de los sesenta lo que emparenta ambas obras.

Entre sus memorias sobre Alemania, los grupos extremistas, sus experiencias en la Unión Soviética y sus contactos con los intelectuales de la antigua Europa sovietizada, Enzensberger dedica la mayor parte de su texto a sus memorias de La Habana, principalmente entre las páginas 119 y 205. Fue la ciudad en la cual, tras visitas anteriores, vivió entre 1968 y 1969. Ha escrito sobre Cuba en otros textos, como El interrogatorio de La Habana, pero en Tumulto lo hace de manera más personal.

Enzensberger confiesa haber ido a La Habana porque “Aquello tenía mucho encanto. Al fin y al cabo, la Revolución cubana no había sido importada con la ayuda de los tanques rusos…Tuve la impresión de que la mayoría de la gente en las calles…la celebraba”. Pero más adelante pinta un cuadro desolador de la ciudad: “La Habana es decadente en el peor sentido de la palabra, se resquebraja, está podrida, carcomida. Con sus solares, el casco antiguo parece un gigantesco hormiguero…En los patios, tristes palmeras languidecen al lado de cuchitriles decrépitos al lado de váteres y lavaderos compartidos por cien familias”.

De Fidel Castro dice, a raíz de un muy montado juego informal de baloncesto: “Fidel es como un jefe de forajidos, los miembros de la cuadrilla ejercen de cortesanos. Robin de los bosques jugando al baloncesto…vence siempre para los pobres y los desposeídos”.

Después cuando narra de su mudanza a un apartamento en la calle de 10 de Miramar, donde vivió con una de sus esposas, la rusa Masha, de la cual se han contado miles de leyendas y escapadas eróticas habaneras, ofrece un paisaje desolador de los escritores cubanos con quienes compartió y a los cuales se propuso matarles el hambre: “se empezó a agasajar a los amigos con convites. Estuvieron Virgilio Piñera, el autor de teatro al cual la Unión de Escritores había dejado fuera del juego, y el escritor y etnólogo Miguel Barnet, que podía viajar al extranjero cada vez que quería. Pero sobre todo, pudimos abastecer de sus añorados Partagás y Montecristo a José Lezama Lima, el orondo grand old man de la literatura cubana…Nuestro huésped preferido era Heberto Padilla”. Todo esto rodeado de agentes de la seguridad del estado que lo visitaban con frecuencia.

Fernández Fe no había nacido cuando Enzensberger ya se había marchado de Cuba como persona non grata. Pero como dije antes, en una reseña que le hice a su novela El último día del estornino,  tiene la capacidad “de relatar con autenticidad a los personajes que deambulaban en las noches de finales de los sesenta y hasta mediados de los setenta por el parque de la funeraria Rivero, en los cuales incluye a Benjamín Ferrera, Cachimba, Magallanes, Nicolás Lara, Sakuntala, Manolito Profundo y Ponciano, entre otros, todos personajes de carne y hueso, así como algunos sucesos de la época, como la abortada manifestación ante la embajada checa en La Habana en protesta por la invasión soviética, y cuya veracidad puedo atestiguar…”

En este libro, lleno de notas sobre escritores y artistas de diversos orígenes, como Jan Sudek, Mijail Bulgákov y Walter benjamín, y ciudades como Praga, Quito y Nueva York, entre otras, así como entrevistas y notas sobre escritores y artistas cubanos, como Rank Uiller, Roberto Friol, José Kozer, Angel Escobar y Néstor Díaz de Villegas, que habitan en la semioscuridad de no haber sido ungidos por los burócratas culturales de los últimos cincuenta años o por estar exilados, también, en su excelente ensayo sobre Sergio Pitol, que cubre de la página 171 a la 228, recorre pasajes de La Habana de los cincuenta y sesenta con, entre otras cosas, oportunas citas del mejicano Jaime García Terrés y su trabajo “Diario de un escritor en La Habana”.

Todos sus ensayos, y su diario de notas durante su estancia en Quito, son de interés, pero el tratado sobre Pitol se destaca como la médula del libro porque Fernández Fe logra que en algunos momentos, su prosa se confunda con la de Pitol. Un recurso que funciona con naturalidad discursiva.

Enzensberger envuelve su obra como un diálogo novelado, lleno de reflexiones entre el Enzensberger joven y el octogenario. Fernández Fe usa la introspección como método preferido. Enzensberger (Alemania 1929) y Fernández Fe (Cuba 1971), se enlazan en estos textos, entre otras cosas, no solo por la calidad y el refinamiento de su escritura, sino además, por la memoria de una ciudad que ambos han abandonado físicamente, pero nunca mentalmente.

Tumulto. Hans Magnus Enzensberger. Malpaso Ediciones, Barcelona 2015. 248 páginas
Notas al total. Gerardo Fernández Fe. Editorial Bokeh, 2015. 369 páginas.


Roberto Madrigal

Thursday, January 21, 2016

Ciencia y política


Hace un par de noches cambiando canales me tropecé con The Best Years of Our Lives, el excelente filme de William Wyler de 1946, que trata sobre la adaptación de tres veteranos de la Segunda Guerra Mundial y su reajuste a una sociedad que los recibe con indiferencia y poca comprensión. Hacía años que no la veía y la vi casi completa y con gran placer.

Lo que más me llamó la atención fue que el personaje de Fred Derry, interpretado por Dana Andrews, exhibe, casi como sacado de un manual de diagnóstico, todos los síntomas de lo que hoy se conoce como Desorden post-traumático de estrés. El guión está basado en una novela de Mackinlay Kantor que no conozco. Me resultó curioso como a pesar de lo obvio de la sintomatología exhibida por el personaje y acuciosamente descrita en la película, esta condición nunca fue reconocida hasta finales de los años setenta.

Factores políticos y culturales se combinaron para evitar que la enfermedad se reconociera. El miedo de los individuos a parecer unos cobardes o flojos, la mala intención del gobierno de evitar compensar a esos antiguos combatientes por una enfermedad causada por su labor militar, sí como la complicidad de muchos científicos y compañías de seguros en demorar trabajos investigativos al respecto. Por suerte hoy en día se dan grandes pasos para rectificar esa inmensa injusticia que causó gran daño emocional a miles de veteranos de esta y otras guerras, como la de Corea y la de Viet Nam, que sufrieron esas consecuencias en silencio, entre el bochorno y la falta de atención.

Esto me llevó a repensar el caso de Hans Asperger, que ha ganado notoriedad en las últimas semanas con la salida de los libros Neurotribes del periodista Steve Silberman y In a Different Key: The Story of Autism, de John Donvan y Caren Zucker.

Asperger fue un médico vienés que alrededor de 1938 sentó las bases de lo que hoy se conoce como el Desorden del espectro de Autismo. Presentó trabajos en los cuales consideraba que mucha gente padecía de esta condición que debería ser considerada como una discapacidad y que la sociedad debería tomar medidas para ayudar a esos individuos a participar de la misma y a ajustarse lo mejor posible. Asperger era un investigador callado y laborioso que no le gustaba llamar la atención y mucho menos en la Alemania de aquellos años.

Con el ascenso de Hitler al poder, se desmembró el grupo de colaboradores de Asperger, la mayoría de los cuales eran judíos. Unos se suicidaron y otros, como George Frankl, terminaron en Baltimore, donde fueron patrocinados por Leo Kanner, un psiquiatra infantil del hospital Johns Hopkins, quien a la larga logró que se le nombrara como el descubridor del autismo.

Siguiendo las creencias políticamente aceptadas de la época, Kanner culpó a los padres de niños autistas por lo que llamó una enfermedad y en consecuencia, muchos niños fueron arrebatados de los brazos de sus padres para ser admitidos en clínicas psiquiátricas en donde se pensaba que era el único ambiente terapéutico posible. De más está decir las nefastas consecuencias que esto tuvo para miles de familias y de niños y adolescentes. Aislamiento y estigmatización fue la base del tratamiento que predominó por décadas.

Mientras tanto, los trabajos de Asperger se hicieron a un lado. Por una parte, se supo que el Dr. Asperger participó del equipo médico que acompañó a las tropas nazis en la toma de Croacia. Pero sus defensores alegaban que era un firme creyente en el catolicismo, un hombre de moral recta que jamás se hubiera comprometido a colaborar activamente con los nazis. Pero considerando que trabajaba con una población que presentaba características que de ser ampliamente reconocido sería una amenaza a la supremacía aria, cuyo destino era la eliminación en campos de concentración, la duda prevaleció y muy pocos se atrevían a tocar los trabajos de Asperger.

No fue hasta 1981 cuando la psiquiatra e investigadora británica Lorna Wing, ella misma madre de un autista, describió el Síndrome de Asperger en base a una relectura de las investigaciones del vienés. También validó la existencia de un espectro que incluía a muchas más personas que las consideradas autistas en ese momento, ya que prácticamente solamente se reconocían los casos extremos. Eric Schopler uno de los pioneros en las trabajos sobre autismo en Estados Unidos, inicialmente se negó a nombrar así a este grupo y prefirió el término de “Autistas de alto funcionamiento” para referirse a quienes cumplían con la nueva descripción.

En la cuarta edición del Manual de Diagnóstico y Estadísticas de los Desórdenes Mentales (conocido por sus siglas en inglés como DSM-IV), publicado en 1994, apareció por primera vez el Síndrome de Asperger como condición reconocida. Hubo una investigación previa para asegurar que Asperger no fue un colaborador nazi. La Dra. Wing y los familiares de Asperger lo defendieron y hubo algunas que otras opiniones que levantaron sospechas, pero no fueron confirmadas entonces. La cautela es justificable, nadie quiere nombrar una enfermedad con el nombre de Mengele o algo parecido.

Un austríaco, investigador del Holocausto, llamado Herwig Czech, cuyo abuelo fue nazi, tropezó con datos que vincularon a Asperger con el fanático Dr. Franz Hamburger, un especialista en enfermedades infecciosas y un hombre que llegó a decir que Hitler era un genio médico y que creía que los discapacitados debían terminar en los hornos y que Asperger escribió informes que hicieron que muchos de sus pacientes fueran condenados a muerte. Esto a pesar de otras evidencias citadas de que Asperger fue dos veces detenido por la Gestapo y que también realizó maniobras para salvar la vida de decenas de sus pacientes, de nuevo ensombreció la memoria respecto a  Asperger.

En el libro de Donvan y Zucker, con otras nuevas evidencias recogidas, se presenta a Asperger como un colaboracionista y un oportunista que se aprovechó del nazismo aunque nunca militó en el partido. Silberman lo defiende diciendo que su posición era difícil. Todos sabemos cómo nazis y comunistas manipularon la ciencia para sus fines y eliminaron a quienes se atravesaban en su camino, por lo cual quienes se quedaban trabajando dentro del sistema, caminaban la cuerda floja y para sobrevivir tenían que doblegarse y aceptar ser manipulados.

En la quinta edición del manual arriba descrito (DSM-5), publicada en 2013, que es como la biblia por la cual se tienen que regir psiquiatras y psicólogos en los Estados Unidos, se eliminó la denominación del Síndrome de Asperger y se aceptó la del Desorden del espectro de autismo, que en realidad se ajusta más a los aportes científicos de Asperger. La seña y no el santo es lo importante en definitiva. A pesar de que puede que el nombre haya sido eliminado a conveniencia de la corrección política, probablemente justificable en este caso, se ha hecho justicia científica.

Es obvio que tanto la calidad del científico como la del artista, no tiene una relación confiable con los atributos éticos de cada cual. El ser humano es demasiado complejo. Lo importante es el aporte que haga su obra, que debe estar libre de asociaciones políticas o financieras, que no entorpezcan el valor de la ciencia o el arte. La manipulación florece en las sociedades totalitarias y aunque existe también es más proclive a ser expuesto en las democráticas, aunque las injusticias y las manipulaciones continúan en todas partes.


Roberto Madrigal

Tuesday, January 5, 2016

Los mejores estrenos de 2015


Me considero un fanático de las listas. Estoy en buena compañía, ya que entre los listeros obsesivos se encuentran Homero, Dante, Whitman, Joyce, Einstein, Nabokov, Borges y Eco, así como Orlando Alomá, mi compañero de andanzas con quien estoy haciendo listas de cine desde hace más de cuarenta años. Diversas han sido las maneras que nos hemos agenciado para divulgar o publicar nuestras listas de las mejores películas del año. En los últimos seis años, por iniciativa de Alejandro Armengol, hemos publicado las listas en Cubaencuentro y también lo hago en mi blog.

Este año has sido un poco mejor que el anterior, aunque muchos problemas subsisten. Las distribuidoras continúan limitando lo que muestran. Ver cine extranjero o independiente como estrenos ampliamente difundidos, se vuelve cada vez más difícil (aunque a juzgar por mi lista parecería lo contrario). La búsqueda activa de buenas películas en las salas de estreno se ha convertido en un reto al espectador interesado en un cine que no sea de puro entretenimiento.

Por otra parte, las superproducciones comerciales hollywoodenses han ganado en calidad este año. Si bien subsisten las secuelas, precuelas y versiones, un grupo de directores de calidad ha filmado, dentro de los estrictos cánones de los grandes estudios, algunas películas de interés. Cada vez se ve más cine, cada vez se produce más cine, pero cada vez se hace más difícil ir al cine. Hay muchos medios alternativos que permiten la experiencia de ver una película, que son más cómodos y menos costosos.

Como en años anteriores, mantenemos las bases de nuestra selección. Se limitan a lo estrenado en el año 2015 que está disponible a cualquier espectador normal en cualquier ciudad de los Estados Unidos, que puedan ser accesible en las salas de cine, en streaming, On Demand o en DVD durante el año. No cuentan películas exhibidas solamente en el circuito festivalero o en presentaciones especiales. Ello hace que, por ejemplo, muchas películas en idioma extranjero que competirán por los óscares solo han sido vistas por un privilegiado grupo, en un par de ciudades, por un par de días. Incluso, como verán, en mi lista están muchas que fueron finalistas a los óscares en lengua extranjera el año anterior, que no se exhibieron para el gran público hasta este año.

Primero,  la selección de Alomá, más abajo, mi lista y mis comentarios.

Lista de Orlando Alomá (en orden alfabético)

American Sniper (EE.UU., Dir: Clint Eastwood); Carol (Gran Bretaña-EE.UU., Dir: Todd Haynes); Coming Home (China, Zhang Yimou); Creed (EE.UU., Dir: Ryan Coogler); The Hateful Eight (EE.UU., Dir: Quentin Tarantino); The Martian (EE.UU., Dir: Ridley Scott); Phoenix (Alemania/Polonia, Dir: Christian Petzold); Room (Irlanda/Canadá, Dir: Lenny Abrahamson); Woman in Gold (Gran Bretaña, Dir: Simon Curtis); Youth (Italia/Francia/Suiza/Gran Bretaña, Dir: Paolo Sorrentino).


Mi lista (de 89 elegibles):

1.- Mr. Turner  (Alemania/Francia/Gran Bretaña 2014). Dir: Mike Leigh.
2.- Phoenix  (Alemania/Polonia 2014). Dir: Christian Petzold.
3.- Youth  (Italia/Francia/Suiza/Gran Bretaña 2015). Dir: Paolo Sorrentino.
4.- Tangerines   (Estonia/Georgia 2013). Dir: Zaza Urushadze.
5.- Diary of a Teenage Girl   (E.U.A. 2015).  Dir: Marielle Heller.
6.- Coming Home (China 2014).  Dir: Zhang Yimou.
7.- Timbuktu  (Francia/Mauritania 2014).  Dir: Abderrahmane Sissako.
8.- Leviathan (Rusia 2014).  Dir: Andrei Zvyagintsev.
9.- Ex Machina  (Gran Bretaña 2015).  Dir: Alex Garland.
10.- Brooklyn  (Irlanda/Gran Bretaña/Canadá).  Dir: John Crowley.

Quiero destacar que Winter Sleep de Nuri Bilge Ceylan, una película turca que estaría en mi opinión entre las primeras de la lista, no se exhibió nunca comercialmente, aunque está disponible en Netflix, por lo que no la consideré elegible. No comparto el entusiasmo por películas como Carol, The Hateful Eight y The Revenant, que probablemente estarán en la mayoría de las listas de otros críticos y que serán propuestas a un sinnúmero de premios. Pero para eso son las listas. Tan importante es lo listado como lo no listado. Lo más importante es que sean una provocación y que no se tomen muy en serio, pero que sean tema de discusión.

Este artículo salió publicado en Cubaencuentro, en la sección Cine, Arte 7,  el 4 de enero de 2015.


Roberto Madrigal